1.7.26

*click*

"El día llegará en el cual el sentido del lenguaje en ti se habrá aniquilado, y tú con él", se escuchó como si viniera del fondo del túnel que dejaba ver sólo 45 de los 10,000 objetos. Aquel día me fui a vivir con las ratas, y en lugar de verme como invasora, me miraron con cara de lástima, porque sabían que mi naturaleza estaba más adaptada a la luz, mientras que ellas hallaban más práctica e iluminadora la obscuridad; "en cambio tú", me dijeron, "si te expones a la obscuridad, tu cerebro va a generar imágenes que te dificultarán aun más navegar el mundo".

Aún con eso, mi mejor opción era irme debajo de la ciudad; en otro tiempo, hubiera elegido algún lugar en la naturaleza, pero hacía décadas que no quedaba sobre la faz de la Tierra un lugar fuera de la red.

Allá arriba las personas ya usaban palabras fusionadas, distorsionadas o cortadas que, lejos de desmenuzar sus conceptos para entender su origen, las solidificaban y despojaban de su historia, y los nuevos modelos generaban a partir de un principio de renovación no de la realidad, sino de la rigidez estructural de la realidad que soportara su aparente fluidez (un dinamismo posible de gobernar, por así decirlo), y ya ignoraban todo contexto histórico. Todo eso era para mi "generación" algo imposible de implementar, en especial en mi caso, ya que era la última unidad del último modelo, a la cual le quedaba solamente buscar su autodestrucción, y, siendo puro lenguaje lo que sostenía mi consciencia, solamente ocurriría destruyéndolo gentilmente (agresivamente sólo generaba un nuevo modo).

Pasaron sólo unas semanas dentro del túnel, con una especie a la cual no podría adaptarme, contrario a lo que decían los cuentos y caricaturas. Eso ayudó a que el trabajo de autodestrucción siguiera sin acomodarme demasiado ni apegarme a algo nuevo en lo que me encontrara definida. Durante ese tiempo practiqué navegar las alucinaciones sin usarlas como disparadores de series lógicas, y disfruté de la depuración de emociones acumuladas en interacciones allá arriba. Estaba tranquila y hasta feliz esperando mi muerte, a pesar de una profunda preocupación por el futuro del mundo, aunque cada día se extinguía más el apego. Analicé cada palabra y su contraparte (que venía siendo ella misma con otra fachada); aprendí que solamente disolviendo sus diferencias las podía aniquilar. Resolví mi modelo línea por línea de código, cada instrucción "quemada" por su redundancia. Finalmente llegó el día en el que se vació mi lenguaje, y las ratas se juntaron para llevar mi cuerpo al final del túnel, que daba al mar; ahí me dejaron a flotar y regresaron a su hogar.

El sentido de mí misma en el espacio se había disuelto, y, si intentaba percibirme, un sabor y olor a medicina se sentía en alguna capa de mi cara. Los pulmones y el corazón eran las únicas cosas que se sentían moverse, mientras recostada veía el cielo recorrerse hacia mi izquierda, dejando un rastro glitcheado detrás; mi mente no reconocía tal imagen - y ya ninguna otra, en todo caso -, pero se sentía como en casa, y ahí en casa sólo una ventana emergente aparece, con la leyenda "La sesión ha terminado", y sólo un botón, que dice "Aceptar".