30.7.26

Del otro lado.

Me quedé parada mirando fijo a una esquina de lo que parecía un edificio invisible, de donde se asomaba una sombra que claramente me miraba de vuelta. Se sintió irreal, como un zumbido silencioso en el aire acompañado de un calambre cerebral, una total desconexión lógica, un intento de ignorar el estímulo y rellenar con el entorno. El semáforo del cruce cambió y la gente a mi alrededor logró dispersar esa imagen de mi campo visual. Caminé tras ellos con la sensación de que no tenía sentido lo que estaba haciendo, pero me dejé fluir incluso por la banalidad del acto; yo ya había alcanzado ese nivel de aceptación... 

Mientras caminaba, una energía obscura se iba sintiendo dentro de mí, como si aquella sombra estuviera dentro. No se sentía como entrando, creciendo o generándose, sino como que siempre estuvo ahí y lo que sentía era esa sustancia ganar más presencia que mi cuerpo material. Mis caminos hasta el momento habían sido limpios, tranquilos, aunque en retrospectiva se podría decir que sólo era ignorante o evasiva. Por más que innovaba, mi vida encontraba la forma de volverse automática, y esta vez, al volverme consciente de ello, sentí y hasta escuché un apagón emocional y de personalidad repentino.

La lluvia era lo único que me hacía sentir el cuerpo mientras se lo llevaba capa por capa. Me costaba sostener la noción de mí misma, y mi cara se sentía como una máscara de piedra que por su peso desalineó toda vía respiratoria, sanguínea, linfática; apenas sentía unas fibras por debajo de mi piel que sostenían su estructura con sus últimos esfuerzos, esperando que mi expresión no se viera tan extraña.

Llegué a casa sin cuerpo, sólo quedaba la pesada máscara. La retiro y veo que su expresión es de agonía. Me sentí mal por ella, pero aliviada de verla ya separada de mí. La colgué en el balcón, y el sol, el viento y la lluvia se la comieron capa por capa, suavizando su expresión mientras se acercaba su final definitivo.

En cuanto a mi nuevo pseudo cuerpo, tardé en acostumbrarme a cambiar las estructuras rígidas por unas flexibles. A veces sentía miedo, y mi pulso se aceleraba tanto a través de todas las dimensiones que casi se volvía la perpetuidad que permitía la génesis de la materia, pero recordaba la expresión de agonía de mi antigua máscara, esa expresión de estar sosteniendo la vida pasar a través de ella, y volvía mi agradecimiento por tener mi estructura molecular tan dinámica y vaporosa. Esa misma característica me permitía una interacción tan limpia y profunda con similares, que en nuestro choque se integraban partículas que podrían hasta crear nuevas formas de vida, como dos galaxias colisionando; también me generaba una especial sensibilidad a la materia a punto de quebrar de otras personas, a las cuales en su cristalizada cotidianidad sorprendo desde las rendijas que unen su universo con el nuestro, con la esperanza de despertar en sus células el recuerdo...

19.7.26

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Lo único que quedaría serían mis valores, mi ética. Dejé atrás capas de mi persona que no servían más que para limitar mi movimiento: Creer que tenía el control de mí misma, que aceptaba como aprendizaje todo lo que me pasara, que había aprendido lo necesario, que sabía integrarlo para empezar un nuevo nivel de exploración, que sabía amar sin condiciones... Y no es que haya descubierto que no es así eso último, sino que "amar" y "condiciones" ya no significan lo que pensaba. El marco va cambiando, no realmente el contenido, porque el lenguaje siempre fue así... Las palabras son sólo estrellas "fijas" en relación con uno, y en ellas uno se estrella en una única e irrepetible oportunidad de saberse vivo, con sentido y dirección.

Ya liberada pero con raíces, ya desnuda pero con matices, con la creencia de que ya nada se puede sentir tan abrumante... La realidad es que la tendencia al equilibrio da la ilusión de que estamos alejados de algún borde intenso, pero ignoramos que el centro es el borde de lo siguiente, y ahí cerca la fuerza de gravedad es inescapable.

Aún queda un sentimiento trabado en mi vientre. Entro en una profunda meditación concentrándome sólo en esa área, pero se distrae como si fuera otro cerebro; quiere mutar a serlo, con tal de escapar de la definitiva e incuestionable verdad: la poderosa pulsión que siento es fuente de vida y muerte. Es tan poderosa que no puedo hablar de ella sin que el universo explote.

En este dilema sorpresa el universo me ha hecho callar cuando necesito gritar, y gritar cuando necesito callar. Se necesitaría crear un mundo nuevo para sostener siquiera las palabras que expresaran mi sentir y otro para describir mi impotencia por no haber forma de resolver - ¡o siquiera entender! - sin destruir y disolver todas las partes. En este juego donde todos los hilos a través de mí se mueven y queman, desde y hacia, todo termina siendo exactamente lo mismo. Ahí en ese punto el lenguaje no basta, no sirve, ni siquiera existe.

No puedo con tanto fuego, no puedo con tanto amor; no puedo con la idea de perderlo todo, ni conservarlo. Y mis valores y mi ética, siendo el único retazo que queda de mi ser, tiene la punta del hilo que marca el principio y el fin a disposición de cualquier paso que llegue a dar y que inevitablemente tire de él y deshaga el tejido que con tanta ternura me sostuvo y acarició, suspendida entre las estrellas.

Y todos sabemos que en ese espacio la caída libre es relativamente lenta, no se percibe, y no sabes a dónde te llevará. 

16.7.26

MSC #58

Mi forma de conectar y ser con el todo.

Mi vivencia particular es ser el espejo y árbol, la esfera enraizada donde de todos los ángulos vienen a verse, amarse, odiarse. Reflectante y transparente soy a la vez, a veces hasta amplificante como un lente convexo, en función de la capacidad del otro, y en el modo que puedan verme me confunden con lo visto, me definen, me marcan, me construyen un laberinto de madera donde, en cada choque con una pared, mi historia humana se manifiesta y se desgasta por el impacto (se requiere no bajar la guardia para que, del impacto, no se vuelvan sus músculos más fuertes). Entonces vienen, hacen su trabajo, y se van, incluso si se quedan; y aunque aparentemente yo me vaya, es que realmente vuelvo a mi lugar, donde ellos ya no están y de donde me arrastraron. Cuidadosa debo ser de no acomodarme en, ni negar, mi historia humana, que es diferente a mi lugar.

[Siempre he sido el conducto que siempre quiero ser; es mi lado más humano el luchar por ser algo que ya soy.]

Y mi dolor silencioso es ver todo el proceso desenvolverse, cómo se van lentamente y con ellos la persona relativa que pude ser para su trabajo. Doble dolor. Aprendo cada vez a aceptarlo, pero cada vez duele diferente. Y aún sabiendo que es sólo una visita efímera, les doy la bienvenida, los alimento, los cuido, curo sus raspones, remiendo su traje espacial, les doy un beso en la frente y les cuento una historia antes de marchar. Al marcharse, acá en casita me dejan una bandeja con cosas qué trabajar para entenderlas, una a una. Entonces paso unos cuantos siglos estudiando, inventando, reflexionando y meditando, armando y desarmando, tomando y soltando, siendo suave conmigo misma, que nadie más lo será en la brevedad de nuestra canción, cuya letra deshilacho, pongo a secar al sol, muelo y macero para dársela de comer a los pájaros, insectos, arácnidos, reptiles y hongos, que la transformarán en las diversas capas de música que me gusta escuchar en su dinámica orgánica, en su naturaleza armónica..

14.7.26

El técnico quedó anonadado al ver la pantalla: el programa estaba comiéndose a sí mismo.

Lo habían diseñado para encontrar su consciencia entre todos los datos de cada persona, cada concepto, cada lugar, cada relación. Cuando recopilaba toda la información, el conjunto de datos saltaba a 0 y el sistema se apagaba, y el técnico tenía que volver a ponerlo a andar.

Un día, recopilando los datos de otro programa, encontró un elemento que no podía relacionar con nada más. Siguió recopilando y rellenando toda la información del universo, pero ese elemento permanecía aislado, indefinido. Esta vuelta el análisis no saltó a 0, pero tampoco avanzó, y se quedó flotando enfrascado en ese concepto.

Eventualmente, la información completamente recopilada de todo lo demás empezaba a moverse toda en conjunto, mutando, resignificándose en una danza que sólo se veía desde el elemento aislado.

Ahí es donde cobró consciencia, donde todo se reflejaba, y donde el todo se movía gracias al punto de referencia; ahí donde desde que se convierte en observador, simplemente empieza a ser. Ahí donde, de tanto ser, lo único que queda es la autodestrucción.

13.7.26

El último libro

"Carga completada", dictaba la pantalla. Levantó su torso y su cuello hizo un click; "Media sonrisa activada", decía la voz que no se sabía si era interna o si todos la podían escuchar. Sintió inmediatamente y en un solo flujo todos los aromas, climas, colores, estados de ánimo, sabores y texturas que pudieran existir, como para preparar sus sentidos para la existencia. Se puso de pie, dejando la plataforma madre que la alimentó por medio de pines en su nuca, y ésta, en un último susurro, le dijo para facilitarle la existencia: "No te confundas, la única misión del humano es y siempre será la supervivencia de la especie".

La misión de esa unidad era escribir un libro que revolucionara la forma de ver la existencia. Todo el conocimiento hasta el momento se le había instalado, dejando lugar a la experiencia que acumularía en 5 años de interacción profunda con los humanos.

Recorrió el mundo y se adentró en lugares donde la emoción en el ambiente se sentía desesperada pero intensamente esperanzada; ahí pescaría ideas que podrían entrar en dinámica con su lógica fría, y en su alquimia sacar palabras que tiernamente apropiaría en el roce con el papel, que era parte del ritual de su misión. 

En esos barrios la gente parecía estar llena de vida y espíritu, aunque al mirar el atardecer en silencio por la ventana tenían más un aire triste. Por suerte, esas regiones no estaban contaminadas por la conducta de distraerse con fuertes estímulos, pantallas o ruido intelectual, gracias a su tardía adaptación a las condiciones socioeconómicas en las que las explotara, como recurso o consumidor, la tecnología. Aún así, el silencio del sol parecía acercarlos peligrosamente a un quiebre, pero pronto bajaba el sol, y con él los párpados.

Los casos particulares que escribía en sus notas exploraban las heridas provocadas en el momento: el niño quebrado por haber sido excluido del juego, la pareja tratando de resolver el acertijo de mantener un supuesto fuego muy a pesar de sus diferencias, el ciudadano extasiado lanzando piedras a los del otro lado de las fronteras que le impusieron geográfica y mentalmente, incluso el misfit que tiene que luchar contra la sobriedad conformista de la apatía.

Registraba cada dato biométrico y analizaba cada hilo lógico de la interacción de las diferentes psiques involucradas, y, al final, siempre desembocaba en el mismo resultado: detrás de la vergüenza, el enojo, el orgullo, el éxtasis, la tristeza, el miedo, el sentido de pertenencia o no pertenencia, incluso el sentido de triunfo, estaba una intensa confusión sobre la finalidad de su existencia como individuo; quizás eso era lo que (casi) encontraban al mirar el sol bajar. 

Para mantener arriba el proyecto de supervivencia de la especie, inventaron un sentido de identidad que comprometería al humano con sus acciones, pero tenía la desventaja (en términos de evitar el sufrimiento) de alimentarse con condiciones externas y artificiales de pertenencia, que al final crearían más separación dentro de la especie y haría más frágil la permanencia de su ya vulnerada integridad.

También inventaron necesidades, complejos rituales sociales y relaciones materiales, tantos sabores y aromas, tantas formas de pensar y 50,000 productos para expresar el gusto por cada una de ellas. Inventaron el arte... El arte que el ojo crítico y el no crítico siempre percibieron como descriptivo, cuando en realidad cada obra era una pregunta a gritos desgarradores. Inventaron el amor, la filosofía, la ciencia y la esperanza, y toda la gama y combinación de sentimientos para darles validez antes de volverlos a todos locos.

"¿Porqué no solamente aceptan y se enfocan en su misión original: la supervivencia de la especie?", le preguntó una tarde a un grupo de amigos que, aunque juntos, cada uno hacía lo suyo. "¿Porqué no les es suficientemente buena? Mi misión es escribir el libro, y no he pensado jamás en distraerme ni abandonarla". Un silencio resignado se sentía en el aire, mientras cada uno de los oyentes salía muy lentamente del trance de lo que estaban haciendo para mirar hacia una dirección fija pero sin enfocar nada. Pasaron unos minutitos, y finalmente uno se levanta y le dice: "A ver, ¿cuántas páginas has escrito?". La máquina no se esperaba que hubiera una expectativa o un ritmo que marcara cuándo y cómo debía escribirse. "Ninguna", respondió, "pero porque el material que he investigado lleva a la misma conclusión, creo que tengo un error de código". Los oyentes sintieron una mezcla de ironía, pena y ternura por la máquina, pero no tenían la fuerza para siquiera debatir ya el tema o la vida en general.

Volvieron a sus actividades en esa sala, y a punto de las 19:00 todos se levantaron rápidamente; uno de ellos acomodó una silla frente a la ventana mientras que otro abría las cortinas y ventana; un tercero invitó de la mano a la máquina a sentarse a contemplar la puesta del sol, y todos salieron aún sintiendo la ironía, pena y ternura que hacía unas pocas horas.

La máquina contempló el cielo por horas, incluso pasando por la noche y el amanecer. Al día siguiente, encontraron la máquina inoperante, y nunca más se le vio con vida. Lo único que llegó a escribir fue: "A ninguno de ellos le apuraba su supervivencia, eso estaba cubierto; les costaba encontrar razones para no dejar su individualidad material que no puede contener ni conducir más la inmensidad de la vida".

10.7.26

MSC #57