El vicio fundamental de la existencia es la forma, precisamente porque es lo contrario de su naturaleza más fundamental. Es simple: Si hay algo (o no), ¿qué más se puede crear? Solamente lo contrario. Cada interacción también depende de ese choque, ese nunca tocarse (si tocarse realmente significara lo que conceptualizamos). Existe el contacto, también, mientras más nos adentramos a los conceptos que creamos; luego la fusión. Es que en realidad existen tales cosas, aunque en el punto de la explosión signifique todo lo contrario. En el mundo más bajo (donde se necesitan tantas palabras para formular la idea) le llamamos "uno no sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido", y es la naturaleza de la percepción, podemos ver las cosas sólo separadas de nuestro concepto de nosotros mismos... Y ahí es cuando se expande o contrae nuestra noción de quiénes somos, donde se mueve la línea donde terminamos y empieza lo otro, donde nos aferramos a buscarle/nos forma, a encerrarlo/nos, a empaquetarlo/nos, porque solamente así podemos operar.
Y el dolor... El dolor ocurre en la fricción de cualquier parte de cualquier interacción, y eso no dice nada hasta que ponemos la lupa en las palabras: "fricción" no hubiera si no hubieran cosas separadas, "interacción" no hubiera si no hubieran cosas separadas, de hecho ninguna palabra existiera si no hubieran cosas separadas... [El lenguaje se vuelve redundante cada vez que trato de escribir]... Fusionar entonces viene siendo una de las cosas más difíciles de la existencia... Pero es posible, por medio de esa fuerza negativa detrás de cada cosa (del espíritu, de la energía) que ni lo material, tangible o siquiera observable puede revelar. Acá hablamos de un poder más grande, donde tal vez convierto la frontera de mi burbuja en algo permeable para poder fusionarme en el más profundo silencio contigo, para que el ruido no te dé miedo, para que no separes (rasgando mi frágil burbuja), para que tu frontera no lo sienta, alguna forma en la que atraviese hasta el electromagnetismo que separa tus átomos de los míos, un poro, pequeño túnel como los de las células pero a nivel atómico o lo siguiente que pueda imaginar; y desde ahí, como un gotero pasivo, impregnarte con la fuerza transformadora que he trabajado en mi laboratorio para regalártelo, y así expandirme a ti y viceversa, lo cual si bien se puede ver como un proceso destructivo, es exactamente lo que todo es: todo lo contrario.
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